Las mejores calas de Mallorca
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Cultura
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Lo primero que debes saber es que las obras comenzaron en 1468 y que el templo se consagró apenas veinte años después, en 1494, a una velocidad de construcción poco habitual para la época. Las famosas cúpulas de sus torres, sin embargo, no se instalaron hasta 1525.
Con casi 99 metros de altura, sus torres gemelas siguen siendo el techo urbanístico de la ciudad. Desde el año 2004 existe una normativa municipal que prohíbe levantar construcciones que puedan hacerles sombra tanto en el centro histórico como en el primer anillo urbano, lo que explica por qué en el skyline de Múnich no hay rascacielos que puedan competir con la Frauenkirche.
La Segunda Guerra Mundial dejó una huella profunda en el edificio. Los bombardeos destruyeron gran parte de su interior, por lo que la mayoría de lo que te vas a encontrar al entrar es el resultado de una posterior reconstrucción mucho más sobria. Aun así, algunos elementos originales sobrevivieron y se mantienen casi intactos.
Tras un breve repaso a la historia, nada más cruzar la puerta principal te vas a topar con la marca más comentada de todo el templo: la Teufelstritt o "huella del diablo". La leyenda cuenta que el arquitecto Jörg von Halsbach engañó al diablo prometiéndole una iglesia sin ventanas a cambio de su alma. Satisfecho al comprobar desde ese punto exacto que las columnas ocultaban los enormes vitrales, se rio a carcajadas... hasta que dio un paso más y descubrió la trampa. Furioso, pisó con fuerza el suelo dejando esta marca, que sobrevivió intacta incluso a los bombardeos que arrasaron el resto del interior.
Precisamente, las ventanas de la Frauenkirche son las grandes protagonistas del engaño y, hoy, uno de los mayores atractivos del interior, ya que sus vidrieras dejan entrar una luz que inunda de color la nave central, contrastando con la sencillez del resto de la decoración tras la reconstrucción.
Entre los elementos que sí lograron sobrevivir destaca el mausoleo de Luis IV de Baviera, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, además del altar dedicado a San Andrés y varias tumbas de arzobispos de Múnich alojadas en la cripta del templo.
La ubicación de la Catedral de Múnich te lleva hasta el centro de la ciudad, junto a otros principales atractivos turísticos, por lo que no tendrás problemas para llegar. Aun así, a continuación, te resuelvo cualquier posible duda.
Dirección:
La catedral se encuentra a apenas unos metros de Marienplatz, en pleno corazón del casco antiguo, lo que la convierte en una parada casi automática dentro de cualquier ruta a pie por el centro de la ciudad.
Frauenplatz 1, 80331 München, Alemania.
Cómo llegar a la Frauenkirche:
Llegar en transporte público es lo más cómodo y sencillo gracias a su céntrica ubicación. Puedes bajarte en la estación de Marienplatz (líneas U3, U6 y todas las líneas de S-Bahn de la S1 a la S8) y caminar apenas dos minutos, o utilizar la parada de Karlsplatz/Stachus (líneas U4, U5) si vienes desde el oeste de la ciudad.
Si te encuentras en el centro, podrás llegar caminando sin necesidad de transporte, ya que la mayoría de puntos turísticos del casco histórico quedan a menos de quince minutos a pie.
Aparcamiento en la Frauenkirche:
Al tratarse de una zona peatonal, olvídate de llegar en coche hasta la puerta. La opción más razonable es dejarlo en alguno de los parkings subterráneos del centro y continuar el resto del camino caminando.
Mapa de la Frauenkirche:
Visitar la catedral de Múnich no tiene coste. La entrada al templo es gratuita durante todo el año. Tan solo tendrás que pagar para subir a la torre sur, desde donde podrás disfrutar de unas espectaculares vistas panorámicas desde un mirador vidriado. El ascenso requiere subir primero 89 escalones por una estrecha escalera de caracol antes de acceder al ascensor moderno que te lleva a la plataforma, por lo que no es un espacio accesible para personas con movilidad reducida. La entrada a la torre cuesta 7,50 € para adultos y 5,50 € para menores de 7 a 16 años (gratis para menores de 7), y los tickets se compran en la tienda oficial del templo (Domshop).
Conviene confirmar los horarios del mirador antes de ir: abre de lunes a sábado de 10:00 a 17:00 horas, y los domingos y festivos de 11:30 a 17:00 horas (el último acceso es a las 16:30). Por lo general, el horario general de la Frauenkirche es de 8:00 a 20:00 horas todos los días, aunque el acceso turístico se restringe por completo durante la celebración de las misas.
Entre los comentarios que dejan los visitantes hay consenso sobre que el exterior impresiona mucho más que el interior. La solidez de sus torres y la particularidad de sus cúpulas generan expectativas que, en algunos casos, no terminan de cumplirse al entrar, dado que la sencillez del interior reconstruido contrasta con templos góticos más recargados de otras ciudades europeas.
Como pega, varios comentan que se han encontrado las torres cerradas al público por trabajos de restauración en algunas fechas, así que, si quieres subir para ver la ciudad desde las alturas, conviene confirmar que estarán abiertas.
Aunque no tendrás problemas para llegar y simplemente tendrás que preocuparte de ir con los ojos abiertos, te dejo algunos detalles que te vendrá bien antes de visitar la catedral:
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Después de la Catedral de Múnich, tienes otros muchos lugares interesantes para visitar a solo unos minutos andando. Estos son mis favoritos:
A pocos metros de la Frauenkirche se encuentra Marienplatz, la plaza central de la ciudad, presidida por el Nuevo Ayuntamiento y su famoso carillón, que es uno de los espectáculos más esperados por cualquiera que lo visita.
Caminando cinco minutos llegarás al Viktualienmarkt, el mercado gastronómico más popular de Múnich, con puestos de embutidos, quesos, flores y varios biergartens perfectos hacer una pausa entre monumento y monumento.
Muy cerca del casco antiguo se levanta la iglesia de San Pedro, cuya torre ofrece unas vistas que muchos consideran incluso mejores que las de la propia Frauenkirche, con el ayuntamiento y los Alpes bávaros de fondo en días despejados.
A pocos minutos a pie está la Residenz de Múnich, la antigua residencia de los duques y reyes de Baviera, que cuenta con decenas de salas y un museo del tesoro que merece una visita, sobre todo si quieres conocer la historia de la dinastía Wittelsbach.
Si te apetece cambiar el ritmo por algo de naturaleza, el Jardín Inglés está a poco más de veinte minutos caminando, con sus praderas interminables y su famosa ola de surf en pleno centro urbano.
La realidad es que pocas construcciones resumen tan bien la identidad de una ciudad como esta catedral resume la de Múnich. Es verdad que no es el templo más ornamentado de Europa, ni el que más tesoros artísticos esconde, pero su silueta lleva siglos marcando el paso de cada generación de muniqueses.
Puede que salgas del interior de la Frauenkirche pensando que esperabas algo distinto, y es normal, ya que la guerra se llevó buena parte de su ornamento original y lo que queda hoy es, sobre todo, un edificio funcional y sobrio.
Si vas a recorrer Múnich a pie, mi consejo es que visites este templo. No te hará falta más de media hora para entender por qué sigue siendo, casi seiscientos años después, la referencia visual de toda la ciudad.
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¿Sabías que en Múnich hay una ley urbanística que impide construir edificios más altos que las torres de su catedral? Así de en serio se toman los muniqueses a la Frauenkirche, el templo gótico que corona el horizonte de la ciudad desde hace más de cinco siglos.
No hace falta entender de arquitectura para reconocer la catedral de Múnich, uno de los símbolos más importantes de toda Baviera, cuyas dos torres cuadradas, rematadas por unas curiosas cúpulas verdes en forma de bulbo, se ven desde casi cualquier parte del centro.
Uno de esos lugares que sí o sí tienes que visitar en Múnich, su nombre oficial es Dom zu Unserer Lieben Frau (Catedral de Nuestra Amada Señora), aunque casi nunca se usa fuera de los documentos oficiales. Para todo el mundo, tanto muniqueses como turistas, esta catedral es simplemente la Frauenkirche, y así va a aparecer durante el resto de esta guía.
Detrás de sus muros de ladrillo rojo se esconde algo más que un edificio religioso: leyendas centenarias, tumbas imperiales y una historia marcada por la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial.
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