Qué ver en Montparnasse
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Montmartre es uno de esos lugares que conservan una personalidad propia dentro de la gran ciudad de París. Situado en una colina al norte de la capital francesa, este emblemático barrio ha sido durante décadas un refugio de artistas, escritores y bohemios que encontraron aquí la inspiración que buscaban.
Hoy en día, pasear por sus calles sigue siendo una de las experiencias más auténticas que ofrece la capital francesa, ya que permite descubrir una cara diferente y más bohemia de la ciudad.
Es, sin lugar a duda, imprescindible en tu lista de cosas que hacer en París
Esta guía reúne todo lo que ver en Montmartre: calles y cuestas empedradas con encanto, plazas llenas de pintores, antiguos molinos y rincones únicos que evocan la Belle Époque.
En este recorrido se pueden descubrir los principales lugares para visitar en Montmartre, un barrio que, aunque ha cambiado con el paso del tiempo, ha sabido conservar su esencia más auténtica. Aquí, el ritmo lo marcan los acordeones callejeros, los artistas al aire libre y el sonido de los pinceles sobre los lienzos en blanco.
Vacaciones
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Cuando alguien me pregunta qué hacer en Montmartre, siempre recomiendo olvidarse del reloj, dejar las prisas a un lado y recorrer sus calles sin un rumbo demasiado fijo. Gran parte de la magia del barrio reside precisamente en los pequeños detalles que aparecen al doblar cada esquina.
El turismo en Montmartre combina arte, historia, gastronomía y algunas de las mejores vistas de París. Es un lugar perfecto para caminar y disfrutar de una experiencia más tranquila que en otras zonas del centro de la ciudad.
Estas son algunas de las cosas que hacer en Montmartre que siempre repito cuando paseo por aquí:
- Subir hasta la Basílica del Sacré-Cœur para contemplar el paisaje urbano.
- Descubrir las obras de los artistas en la Place du Tertre.
- Fotografiar algunas de las calles más bonitas de París.
- Conocer los lugares vinculados a grandes pintores como Van Gogh o Picasso.
- Disfrutar de la gastronomía local en restaurantes históricos.
- Visitar algunos de los cabarets más famosos del mundo.
Si estás organizando tu ruta y quieres saber qué conocer en Montmartre, reserva al menos medio día para recorrer el barrio con tranquilidad, aunque para mí, lo ideal sería dedicarle un día completo.
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Presidiendo la cima de la colina se alza la imponente Basílica del Sacré-Cœur, uno de los grandes símbolos de Montmartre y de todo París. Esta impresionante iglesia de color blanco domina el horizonte y ofrece una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.
Su construcción comenzó a finales del siglo XIX y destaca por su arquitectura de estilo románico-bizantino. Además de admirarla desde el exterior, es recomendable entrar para contemplar su gran mosaico interior y subir a la cúpula, desde donde se obtiene una de las mejores vistas de París.
A los pies de la colina de Montmartre, en el animado y dinámico distrito de Pigalle, se encuentra el mítico Moulin Rouge, uno de los lugares que mejor representan el espíritu del París nocturno y que, a día de hoy, continúa brillando con luz propia. Este emblemático cabaret, reconocido por su característico molino rojo, abrió sus puertas en 1889 y rápidamente se convirtió en uno de los principales centros de ocio de la ciudad.
A pesar de que, en la actualidad, el entorno que lo rodea ha ido cambiando, este sigue siendo uno de los iconos más fotografiados de París y una referencia imprescindible en cualquier ruta por Montmartre.
La Place du Tertre es la plaza más famosa de Montmartre y uno de sus principales puntos turísticos. Rodeada de cafeterías y restaurantes, se ha convertido en el corazón artístico del barrio. Aquí trabajan pintores y caricaturistas al aire libre, manteniendo viva una tradición que se remonta a la época en la que artistas como Picasso, Modigliani o Utrillo frecuentaban esta zona.
Considerada por muchos como la calle más bonita de París, la Rue de l'Abreuvoir conserva el encanto del antiguo pueblo que fue Montmartre antes de integrarse en la capital.
Flanqueada por edificios históricos con muros cubiertos de vegetación que cambian de color según la estación del año, caminar por ella es adentrarse en una postal idílica alejada del tráfico y el ruido de la ciudad, donde el silencio solo se rompe por el paso de algún vecino nostálgico.
Uno de los puntos más importantes del barrio, Rue Lepic es una animada calle que cuenta con un sinfín de tiendas tradicionales, cafeterías y antiguos edificios estrechamente vinculados con la historia artística de la zona. Pasear por ella es clave para comprender por qué Montmartre ha fascinado durante generaciones a artistas de todo el mundo.
Los jardines que rodean la basílica se conocen como Jardins du Sacré-Cœur y constituyen uno de los espacios verdes más concurridos de Montmartre. Desde aquí se obtienen algunas de las mejores vistas panorámicas de París, por lo que es habitual ver a turistas y a los propios parisinos disfrutando de su entorno.
Ubicado justo frente al Sacré-Cœur, el Square Louise Michel es un parque escalonado que conecta la parte baja de la colina con la basílica. Se trata de un entramado de senderos entre fuentes, árboles centenarios y zonas ajardinadas que invitan a hacer una pausa en el recorrido. Ascender por sus rampas permite descubrir distintas perspectivas del templo, al mismo tiempo que se disfruta de un entorno natural especialmente cuidado, armónico y sereno.
Uno de mis lugares favoritos en el barrio es la Place Marcel Aymé, una pequeña plaza conocida por albergar una curiosa escultura inspirada en el relato Le Passe-Muraille (El pasamuros). La obra rinde homenaje a Dutilleul, uno de los personajes más singulares de la literatura francesa. Aunque suele pasar desapercibida para muchos turistas, es uno de esos rincones con encanto que merece la pena descubrir.
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Entre los edificios más fotografiados de la zona destaca La Maison Rose. Este histórico establecimiento abrió sus puertas a principios del siglo XX de la mano de Laure Germaine y su esposo, el pintor catalán Ramon Pichot, amigo cercano de Pablo Picasso y Salvador Dalí. Inspirada por las casas de colores de sus viajes por España, Germaine decidió pintar la fachada de su llamativo tono rosa empolvado y convertir el lugar en una casa de comidas para la comunidad artística. El rincón fue inmortalizado más tarde por el pintor Maurice Utrillo en sus célebres lienzos de Montmartre, lo que consolidó su fama internacional. Hoy en día, funciona como un restaurante comprometido con la gastronomía de temporada y sigue atrayendo a viajeros que buscan capturar el alma bohemia de París.
Otro de los restaurantes más emblemáticos del barrio es La Crémaillère 1900. Ubicado en plena Place du Tertre, este establecimiento te transporta de inmediato a la edad de oro de la Belle Époque. Su interior destaca por una impresionante decoración de estilo Art Nouveau, repleta de pinturas de época inspiradas en el cancán y el ambiente bohemio del siglo XIX.
Además de su comedor histórico, el gran tesoro oculto del restaurante es su idílico jardín privado interior, un rincón ajardinado y adoquinado rodeado de castaños que permite desconectar del bullicio turístico de la plaza. Es el lugar perfecto en tu itinerario para saborear platos clásicos de la gastronomía francesa en un entorno que parece haberse detenido en el tiempo.
Pocas personas esperan encontrar un viñedo en pleno París. Sin embargo, Le Clos Montmartre mantiene viva una tradición centenaria y ofrece una postal única dentro de la ciudad. Cada año se celebra aquí la famosa Fiesta de la Vendimia de Montmartre (Fête des Vendanges), uno de los eventos tradicionales más importantes del barrio.
Entre los espacios culturales vinculados a la historia artística del barrio destaca el Musée de la Vie Romantique. Situado a los pies de la colina de Montmartre, este precioso espacio ocupa la antigua casa de estilo italiano del pintor Ary Scheffer, construida en 1830. Durante décadas, este rincón se convirtió en el epicentro de las mentes más brillantes de la Nouvelle Athènes, acogiendo tertulias de genios como George Sand, Frédéric Chopin, Charles Dickens o Franz Liszt.
Además de sus salas dedicadas al arte y la literatura del romanticismo, el gran encanto del museo es su salón de té escondido en el jardín de rosas, un remanso de paz perfecto para tomar algo lejos del bullicio parisino.
Ubicado en la casa más antigua de la colina, el Musée de Montmartre ofrece un recorrido fascinante por la evolución histórica del barrio. Esta antigua residencia sirvió de hogar y estudio a pintores de la talla de Auguste Renoir, Suzanne Valadon y Maurice Utrillo.
En su interior podrás sumergirte en la atmósfera de los antiguos cabarets de la Belle Époque, contemplar carteles originales de Toulouse-Lautrec y pasear por los Jardines Renoir, los hermosos terrenos reconstruidos que el maestro impresionista pintó en varias de sus obras maestras.
Muy cerca de la concurrida plaza de los pintores se esconde Dalí Paris, una galería subterránea dedicada exclusivamente al genio del surrealismo, Salvador Dalí. Este espacio museístico alberga una colección única de esculturas tridimensionales y grabados del artista catalán, añadiendo una dosis de genialidad y locura artística a tu recorrido por el barrio.
Si buscas experiencias diferentes más allá de los recorridos más tradicionales y predecibles, aquí tienes una lista de cosas que ver en Montmartre bajo una mirada distinta:
Ruta de los talleres olvidados: Dedica una hora a localizar las placas conmemorativas en las fachadas donde residieron los grandes genios del arte. Una parada imprescindible es el número 54 de la Rue Lepic, el edificio de apartamentos donde el pintor holandés Vincent van Gogh vivió junto a su hermano Theo entre 1886 y 1888, una etapa clave en la que su paleta de colores cambió para siempre bajo la luz de París.
El viñedo secreto (Le Clos Montmartre): Acércate a contemplar las viñas de la ladera norte de la colina. Aunque el viñedo actual se replantó en la década de 1930 para proteger el terreno de la especulación inmobiliaria, rinde homenaje al pasado vitícola del barrio, que se remonta a la época romana y a las monjas de la antigua Abadía de Montmartre. Es un rincón fotogénico y cargado de historia que muy pocos turistas se detienen a observar con calma.
Búsqueda del Bateau-Lavoir: Encuentra el emplazamiento del mítico edificio que sirvió de residencia y taller a Picasso y Modigliani, considerado el verdadero laboratorio donde nació el cubismo y se pintó Las señoritas de Avignon.
Paseo nocturno bajo las farolas: Recorre las escalinatas laterales de la colina al caer la noche, cuando los grupos turísticos se han marchado y el barrio recupera su atmósfera misteriosa y romántica de película clásica.
La oferta gastronómica de Montmartre es tan variada como su historia. Aquí conviven los bistrós franceses de manteles de cuadros con cafeterías que son auténticos iconos visuales.
En la parte alta de la colina, las fachadas pintorescas de los antiguos bistrós capturan la mirada de todos los viajeros. Más allá de los locales más fotogénicos y masificados de los ejes principales, la verdadera esencia culinaria del barrio se esconde en las pequeñas calles de la vertiente norte.
Te sugiero adentrarte en estos callejones menos transitados para descubrir pequeños negocios familiares que se resisten a perder su identidad. Es el lugar perfecto para saborear la auténtica gastronomía francesa, pidiendo una tradicional sopa de cebolla (soupe à l'oignon), un tierno confit de pato, el clásico sándwich Croque-Monsieur o el emblemático estofado Boeuf Bourguignon, todo ello acompañado por una tabla de quesos artesanos y una buena copa de vino local.
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El acontecimiento anual por excelencia del distrito es la Fête des Vendanges (la Fiesta de la Vendimia). Durante la segunda semana de octubre, la colina entera celebra la recogida de la uva de sus viñedos históricos.
Las calles se llenan de desfiles tradicionales, música folclórica, fuegos artificiales y puestos gastronómicos llegados de todas las regiones de Francia para ofrecer catas de vino y productos artesanales.
Aunque la cantidad de escaleras puede imponer respeto al principio, viajar a Montmartre con niños es una experiencia fantástica si se organiza bien. Una de las actividades que más disfrutan los pequeños es subir hasta la basílica a bordo del Funicular de Montmartre, un trayecto corto y emocionante que te evitará subir los más de 200 escalones con el cochecito o el cansancio de las cuestas.
Además de ver trabajar a los caricaturistas en directo en la Place du Tertre, el broche de oro del paseo es subirlos al precioso carrusel de la Square Louise Michel (en la Place Saint-Pierre). Este tiovivo de estilo retro e inspiración italiana es famoso por aparecer en la película Amélie y es el rincón ideal para tomar una foto inolvidable en familia.
Aquí te dejo una propuesta de un día en Montmartre para que puedas organizarte y aproveches al máximo cada minuto en el barrio:
Mañana: Sube a la Basílica del Sacré-Cœur, recorre los rincones de la Place du Tertre y fotografía las calles más emblemáticas.
Mediodía: Almuerza en un bistró tradicional alejado de las zonas más masificadas.
Tarde: Visita el Musée de Montmartre para conocer la historia bohemia, busca la placa de Van Gogh en la Rue Lepic y pasea por la pintoresca Rue de l'Abreuvoir.
Noche: Termina el día contemplando las luces del Moulin Rouge en Pigalle o disfrutando del ambiente nocturno en las terrazas locales.
📍 Para que no te pierdas nada durante tu ruta, aquí tienes un mapa con los puntos de interés de Montmartre, con la ubicación exacta de todos los monumentos, museos, calles fotogénicas y rincones que hemos mencionado en esta guía. Puedes guardarlo para consultarlo siempre que lo necesites.
Como consejo final para tu ruta por Montmartre, te sugiero que guardes el teléfono de vez en cuando. Esta colina no se conquista con prisas ni tachando puntos en el mapa a contrarreloj. El barrio se respira despacio, desafiando sus empinadas escalinatas y permitiendo que sea el propio azar el que guíe tus pasos. Permítete el lujo de perder el rumbo, dobla una esquina cualquiera y deja que la magia bohemia de París te descubra su secreto mejor guardado.
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