Altos de Chavón: un pueblo con aire mediterráneo en pleno Caribe dominicano
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Hay destinos que se explican solo por sus playas, otros por su ambiente y algunos por su mezcla de historia y naturaleza. La Romana, tiene un poco de todo ello junto, aunque lo que la hace realmente especial es la manera en que combina su pasado azucarero, su arquitectura inspirada en la Italia renacentista y algunos de los paisajes naturales más espectaculares de República Dominicana.
Nacida a orillas del río Dulce como un pequeño asentamiento y puerto comercial, La Romana estuvo estrechamente vinculada desde sus orígenes a la actividad azucarera y con el tiempo se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos del sureste de República Dominicana.
Una de las curiosidades de La Romana es precisamente su nombre, que hace referencia a la antigua "romana" o balanza que se usaba en el puerto para pesar las mercancías que entraban y salían de la zona.
Rodeada de plantaciones de caña, ríos, cayos y algunas de las mejores marinas del país, esta pequeña ciudad es una de esas paradas más recomendables en tu viaje por el sureste dominicano. Y es que, lejos de ser un simple sitio de paso hacia Punta Cana, aquí el protagonismo se reparte entre su patrimonio, su naturaleza y una vida costera que combina lujo y tradición a partes iguales.
Si te encuentras organizando tu viaje y has llegado hasta aquí para saber qué ver en La Romana, toma nota porque voy a contarte qué te vas a encontrar en esta ciudad del sureste dominicano, donde podrás disfrutar de una interesante combinación de patrimonio, naturaleza y una gastronomía marcada por los productos del mar y la tradición local.
Cultura
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Aunque su centro urbano puedes recorrerlo fácilmente en una mañana, para mí, La Romana hay que disfrutarla con calma, dedicándole al menos un día para poder descubrir sus distintos rincones sin tener que preocuparte del reloj.
El turismo en La Romana gira en gran parte alrededor de su pasado industrial y de la huella que dejó el auge del azúcar, que todavía está presente en algunos edificios del centro, así como en el desarrollo posterior de complejos como la Casa de Campo, que transformó por completo la imagen internacional de la ciudad.
Estas son algunas cosas que hacer en La Romana que no deberías dejar pasar:
Además, La Romana es un destino muy apreciado entre los amantes del golf, la vela y el turismo náutico de lujo, gracias a la marina y a los campos diseñados por Pete Dye dentro de la Casa de Campo, muy distintos al ambiente que se respira en el centro de la ciudad.
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La Iglesia de San Estanislao es, junto a Altos de Chavón, uno de los principales símbolos turísticos de La Romana. De hecho, este pequeño templo de piedra se encuentra en la plaza central del emblemático pueblo mediterráneo, del que hablaré más adelante.
Consagrada en 1979, la iglesia recibió del papa Juan Pablo II las cenizas de San Estanislao y una estatua tallada a mano procedente de Cracovia con motivo de su inauguración. Su sobria fachada de piedra y su ubicación, con vistas al cañón del río Chavón, la han convertido en uno de los principales iconos de Altos de Chavón y en un lugar muy elegido para celebrar bodas y ceremonias religiosas.
El centro fundacional de La Romana conserva gran parte del trazado y la escala de sus orígenes como pueblo azucarero, con calles estrechas que desembocan en el Parque Central, presidido por el Palacio Municipal y rodeado de comercios, cafeterías y puestos de fruta local.
Aunque no se trata de un monumento histórico como tal, la Marina de Casa de Campo se ha ganado un lugar entre los principales puntos de interés de la ciudad. Es famosa por sus calles peatonales, decoradas con fachadas de colores y balcones de estilo mediterráneo, donde encontrarás una selecta colección de restaurantes, tiendas y embarcaciones de lujo frente al mar Caribe.
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Recorrer el malecón de La Romana es la mejor forma de sentir el pulso de la ciudad al atardecer, cuando familias y vecinos salen a pasear junto al mar y los puestos de comida callejera comienzan a llenarse de gente.
Diseñado por el arquitecto dominicano José Antonio Caro y el diseñador italiano Roberto Coppa a finales de los años 70, Altos de Chavón es una recreación de un pueblo mediterráneo del siglo XVI, construido íntegramente en piedra y trabajado en detalle por artesanos locales.
Dentro de las calles empedradas de este pequeño pueblo se esconden algunos de los rincones con más encanto de toda la región: talleres de artesanos, plazas con fuente y pequeños miradores que se asoman al cañón del río Chavón.
Las calles que rodean el Parque Central conservan buena parte del ambiente tradicional de la ciudad, con negocios familiares, colmados y terrazas que invitan a pararte a tomar algo mientras disfrutas del ritmo tranquilo que se respira en la vida local.
Uno de los grandes protagonistas naturales de la zona, el río Chavón, con sus paredes de roca cubiertas de selva, ha servido de escenario para varias producciones de cine internacional. Mi consejo es que, si tienes tiempo, lo recorras en lancha desde alguno de los puntos cercanos a Altos de Chavón.
En los alrededores de Bayahíbe y la costa del sureste dominicano se extiende el Parque Nacional Cotubanamá, uno de los espacios naturales más importantes de la región, con bosques tropicales, manglares y cuevas con arte rupestre taíno.
Frente a la costa romanense aparece Isla Catalina, una pequeña isla deshabitada muy apreciada por buceadores y amantes del snorkel gracias a sus fondos de arrecife y sus aguas tranquilas, que permiten disfrutar de diferentes actividades acuáticas.
A poco más de veinte minutos del centro se encuentra Bayahíbe, un antiguo pueblo de pescadores que, pese a haberse convertido en la puerta de entrada más habitual hacia Isla Saona, ha sabido conservar su ambiente tranquilo y tradicional, donde destacan las barcas de colores y su playa de aguas calmadas.
Hacia el oeste, camino de Santo Domingo, aparece San Pedro de Macorís, una ciudad con un centro urbano de marcada arquitectura colonial y una intensa tradición beisbolera, cuna de numerosos jugadores dominicanos que han triunfado en las grandes ligas estadounidenses.
En dirección contraria, hacia el este, se encuentra Higüey, conocida sobre todo por la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, uno de los templos de peregrinación más importantes de todo el país.
Si sigues hacia el extremo oriental llegarás a Boca de Yuma, un pequeño pueblo abierto al mar que destaca por sus acantilados de roca, su gastronomía marinera y el acceso a la Cueva de Berna.
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En Altos de Chavón, el Museo Arqueológico Regional te permitirá entender cómo era la vida en esta región antes de la llegada de los europeos. Su exposición con más de tres mil piezas taínas y prehispánicas, algunas con miles de años de antigüedad, hacen un recorrido por la historia de los antiguos pobladores de la zona.
En el mismo complejo cultural, la Galería de Arte cuenta con una cuidada selección de arte contemporáneo dominicano e internacional que bien merece una visita. El complejo también alberga la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, afiliada a la prestigiosa Parsons School of Design de Nueva York.
Por mi experiencia, uno de los planes que hacer en La Romana más recomendables es combinar una salida en lancha por el río Chavón con una parada en las playas de Bayahíbe, aprovechando que ambos puntos están a pocos minutos entre sí.
Además, uno de los sitios más interesantes para visitar en La Romana es la fábrica de cigarros Tabacalera de García, una de las mayores instalaciones de puros hechos a mano del mundo. Si quieres conocerla por dentro, existen visitas guiadas que deben reservarse previamente.
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La gastronomía de La Romana es una fiel muestra de su doble condición de ciudad costera y antiguo enclave azucarero, combinando pescado y marisco fresco con recetas tradicionales dominicanas basadas en arroz, habichuelas y viandas locales.
Estos son algunos de los platos estrella de la zona:
Y si eres amante del dulce, el ron dominicano y los postres elaborados con coco y azúcar de caña, como el dulce de leche cortada o el bizcocho dominicano, son una auténtica delicia.
Entre las celebraciones principales de la ciudad está el Carnaval de La Romana, que se celebra cada febrero con desfiles de comparsas, música y disfraces tradicionales por las principales calles del centro.
También quiero destacar la gran afición al béisbol, con los Toros del Este como equipo local, cuyos partidos se han convertido en un plan habitual para los habitantes de la ciudad.
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La Romana es un destino muy cómodo para viajar en familia, especialmente por la combinación de playas tranquilas, actividades y un casco histórico fácil de recorrer.
Los más pequeños podrán disfrutar recorriendo las calles de Altos de Chavón, subiendo hasta el mirador sobre el río Chavón o acercándose al Museo Arqueológico para descubrir cómo vivían los antiguos pobladores de la isla.
Yo creo que 24 horas son suficientes para conocer sus principales atractivos y, para que puedas aprovechar tu tiempo al máximo, he preparado el itinerario por La Romana de un día que yo haría a día de hoy:
Para que puedas organizar tu visita de forma sencilla, consulta este mapa turístico de La Romana, donde encontrarás ubicados los principales puntos de interés, monumentos y lugares que merece la pena visitar durante tu estancia.
Mucho más que una parada rápida de camino a Punta Cana, La Romana es un destino que merece su propio espacio en tu itinerario por República Dominicana, dedicándole tiempo suficiente para recorrer su casco histórico, adentrarte en Altos de Chavón y completar la visita con alguna de las playas o excursiones de los alrededores.
Un destino que combina historia, naturaleza y vida costera a partes iguales, aquí vas a encontrar una propuesta muy diferente a la del resto del país. Y lo mejor no es solo lo que visitas, sino la sensación de estar recorriendo una ciudad que ha sabido reinventarse sin perder su seña de identidad.
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